La importancia del CLIMA en el cultivo de la vid

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Es un hecho demostrado que la vid tiene suficiente resistencia como para estar presente y permitir su cultivo en condiciones climáticas donde sería inviable otro tipo de plantación. Su desarrollo en condiciones extremas de temperatura y pobreza de terreno permite su viabilidad, si bien, es necesario elegir la variedad correcta para el buen desarrollo, pues estas condiciones marcarán la calidad de la uva.

Según la variedad, el comportamiento será distinto dependiendo del tipo de suelo, clima, altitud, latitud…  También hay que tener las condiciones climáticas de cada ciclo vegetativo, ya que marcarán la calidad final de la uva, por eso se habla de añadas y denominaciones de origen o zonas.

El clima, el terreno y la altitud es lo primero que se tiene en cuenta a la hora de elegir la variedad a cultivar, por ello obtendremos un tipo de vino en cada zona concreta.

Cada variedad de uva tiene una fecha de floración y maduración diferentes, si hablamos del hemisferio norte, la brotación y maduración es antes en el sur que en el norte, siempre depende de la temperatura en invierto-primavera que determina el comienzo del lloro y la brotación.

Si hablamos de Eurpoa, podemos hablar de una brotación desde febrero a abril y la vendimia, desde julio en zonas como Montilla hasta final de Octubre.

La temperatura a la que se vendimia determinará que el clima sea consederado «cálido o fresco», marcando también el grado beaumé de la uva y su equivalente en alcohol.

En general, una región es fresca a causa de su latitud: en nuestro hemisferio, cuanto más al norte, más fresca será, o de su altitud – cuanto más alta respecto del nivel del mar, mas fresca: cada 100 metros disminuye 0’6ºC la temperatura media, por lo tanto, algunas zonas de Castilla la Mancha pueden llegar a ser más frescas que Burdeos, aun estando más al sur pero con altitudes que en casos superan los 1000 mt. sobre el nivel del mar.

En Bodegas Verum, conocedores de estas variables tan  significativas pusieron en marcha en 2008 el proyecto ULTERIOR con la plantación de variedades autóctonas y otras nacionales como la Tinto Velasco, Graciano, Garnacha, Mazuelo, Moravia Agria, Albillo Mayor o Malvasía con un denominador común, son de ciclo largo, por lo que la vendimia llega a final de septiembre o primera quincena de octubre, cuando las temperaturas son mucho más bajas, y con ello, teniendo vinos mucho más frescos y con un grado alcohólico inferior al de otras variedades.

Te invitamos a leer otro artículo que explica la direrencia de las variedades de ciclo corto y ciclo largo: https://www.bodegasverum.com/es/variedades-ciclo-corto-ciclo-largo-influyen-la-calidad-del-vino/

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